© Mariana Mazzucato, Foro Económico Mundial, 2019. Foto Flickr

Estado emprendedor y desarrollo sostenible

Pedro Morazán, 30.01.2024

La diferencia inmanente y determinación del concepto, está en el juicio, porque juzgar es determinar el concepto.”

Hegel: Lógica CLXV

 

El discurso de Javier Milei ante empresarios y gobernantes en el “Foro Mundial de Davos” del 2024, parecía una síntesis, un tanto caricaturesca, de la pobreza intelectual del libertarismo contemporáneo. De no ser por los peligros que encierra dicha ideología para el orden democrático moderno, no valdría la líneas de este comentario. La argumentación de la ideología libertaria se podría resumir en una línea: “La causa del bienestar de las naciones es la sagrada propiedad privada sobre todos los recursos y su peor enemigo es el Estado”. En vista de que el libertarismo está ganando cada vez más fuerza en el Continente, permítasenos contrastar dicha ideología con algunos de los avances más recientes de la teoría económica, poniendo  el énfasis en las contribuciones de la economista italo-norteamericana Mariana Mazzucato, quién dicho sea de paso estaba entre los principales invitados del mencionado Foro de Davos de este año.

El Libertarismo y su noción de Estado

Vladimir y Estragón son dos vagabundos que viven junto a un árbol esperando la llegada de un personaje místico y misterioso llamado Godot. Ninguno de ellos lo ha visto nunca. En la pieza de teatro del irlandés Samuel Beckett, que lleva el nombre de “Esperando a Godot” y que es considerada una de las obras maestras del “Teatro del absurdo”, ambos personajes nos muestran en sus diálogos que, de hecho, la existencia humana carece de ningún sentido, más que el de creer en sus propias fantasías y propósitos. Incluso la aparición fugaz de otros tres personajes que van y vuelven, como el amo Pozzo que tortura a su esclavo Lucky y el joven anónimo que anuncia la no llegada de Godot, parecen acentuar el sinsentido de la existencia humana. La simbología de “Esperando a Godot” es un tanto minimalista y, al final, indescifrable. El mismo Godot podría ser una divinidad, una quimera o podría ser incluso la muerte. Eso pasa con las ideas del libertarismo, al final no se sabe lo que se debe esperar y todo intento de descifrarlo, resulta absurdo.

Para iniciar vamos a tomar dos conceptos relevantes de la economía política, Estado y Mercado que parecen estar en el centro del paradigma libertario. Hablando en términos económicos, el mercado como concepto o noción parece estar en continuo movimiento, no solamente lineal, sino incluso pendular. Para usos prácticos vamos a tomar la definición de Gregory Mankiw, autor del libro de texto «Principios de Economía», que indica que un mercado es «un grupo de compradores y vendedores de un determinado bien o servicio. Los compradores determinan conjuntamente la demanda del producto, y los vendedores, la oferta». Las demás definiciones de este concepto serían algunas variaciones específicas según el área de acción del sujeto que la representa: mercadólogo, especulador de Bitcoins, corredor de propiedades o académico.

© Pensadores de la Escuela Austriaca de Economia, Foto «El economista salvaje»

Por otro lado, la definición de Estado parece haber tenido muchas más controversias en la historia de la humanidad. La mayoría de ellas se han referido a la relación del Estado con el poder o con la violencia sea esta legitima o legal. Históricamente la noción con la que nuestra “certeza sensorial” percibe el Estado, depende ciertamente de su contexto histórico concreto. No tienen la misma percepción de Estado los habitantes de un régimen despótico como Corea del Norte, que los ciudadanos de un Estado democrático como el alemán o el francés. El llamado Estado de Derecho, cuya definición aprendemos ya en la escuela secundaria, está dividido en tres poderes independientes entre sí: El ejecutivo, el legislativo y el judicial. Si bien la percepción y la consecuente definición del Estado como concepto es un proceso de constante cambio en el devenir histórico, su relación con otros aspectos de la vida humana como la economía parece adquirir mayor relevancia según las coyuntura y el contexto.

La interpretación libertaria de la economía parece haber descubierto que la relación Estado – Mercado, es como la relación agua y fuego: antagónica. La una supone la destrucción de la otra. Desde que Adam Smith formuló su famosa metáfora “conducido por una mano invisible”, surgió una suerte de malinterpretación que adjudicaba al filósofo escocés, la intención, de por si inexistente, de que la riqueza de las naciones surgió como resultado de un mercado “conducido por una mano invisible” y no por el Estado. Y aunque ya, en innumerables investigaciones, se ha llegado a demostrar que dicha metáfora se refiere más al sistema moral y político republicano opuesto al «Ancien Régime», parece que ya no es posible expulsarla del léxico económico (López Lloret, 2021). La usan los marxistas ortodoxos para vilipendiar al pobre Adam Smith y la usan también neoliberales y libertarios recalcitrantes para tratar de bendecir sus esotéricas visiones sobre una pretendida “naturaleza humana”, en la cual no existe ni lo colectivo, ni la sociedad, sino solamente individuos y en la que el valor de las cosas no es el resultado del trabajo sino del intercambio entre propietarios capitalistas. Esto para expresarlo en un lenguaje caustico tan propio de los libertarios recalcitrantes.

No es nuestra intención la de profundizar aquí en esta centenaria discusión que forma parte de la Economía Política desde su surgimiento como ciencia. Se trata de un debate recurrente que puede tornarse virulento, dependiendo de la coyuntura histórica y de los retos que afronte, no solo la economía sino incluso la humanidad entera. Tal es el caso presente con el cambio climático como amenaza seria a la existencia de la vida humana sobre la tierra.

En nuestra opinión, ver la relación entre Estado y Mercado como una contradicción antagónica es, de hecho una distorsión de la realidad, que corresponde a un enfoque positivista de las ciencias económicas. Tómese aquí el positivismo como una categoría del discurso del gran sociólogo Auguste Comte y no como un simple sustantivo gramatical. Analizar las propiedades de ambas categorías implica, de hecho, hacer una visita a las necesarias interacciones que tienen lugar entre ellas. Dichas interacciones adquieren características tanto especificas como generales y “universales” que dependen, como en todo, del entorno en el que tienen lugar. No es lo mismo la relación Estado – Mercado en un país como Alemania que la relación Estado – Mercado en un país como China, para mencionar solo dos de los múltiples casos.

El hecho de que existan particularidades, no significa, sin embargo, que se nieguen los rasgos comunes, es decir las características universales de tal relación. Una de ellas y quizás la más importante es la referente a la “necesidad”. Esto significa que dicha relación no se da en el vacío o que sea producto de una de las cautivadoras páginas de un libro de Carl Menger o de Ludwig von Mises, para solo mencionar dos eminentes precursores de la llamada “Escuela Austríaca de Economía”.

La relación surge de hecho en la misma cuna de ambos conceptos, como producto de una necesidad que los impulsa a realizarse como el reencuentro de dos realidades concretas. Para que tengan lugar los intercambios entre los agentes del mercado, tienen que existir normas que permitan que dichas relaciones culminen en resultados. Es decir el surgimiento de las normas (Estado) es, en cierta medida, el resultado de la necesidad del intercambio (Mercado). La necesidad por su parte depende, en este caso, de la índole de los bienes que por ello no siempre estan repartidos conforme a una determinada voluntad, sea esta individual o colectiva. Existen bienes escazos y existen también bienes abundantes, para mencionar solo dos de las muchas índoles. Esto nos podría hacer a caer en la trampa de pensar que primero surgió el intercambio y después las normas. Lo más lógico, sin embargo, es que ambas interacciones hayan surgido a la vez. La “mano invisible” de Adam Smith, se refiere, entre otras cosas, precisamente al hecho de que la confianza (como norma), el tú a tú de los agentes que participan en el intercambio, forman de ya categorías mentales que permiten a los agentes entrar en contacto entre sí.

Es precisamente dicha lógica la que nos permite incluso definir el concepto de Libertad (con mayúscula), como “la verdad de la necesidad” y no como algo abstracto entendido, según los libertarios, como la “ausencia de coerción”, sin conexión con su realización concreta. Parafraseando a Hannah Arendt, la violencia como forma de coerción, no es más que una expresión de la falta de poder y no lo contrario. Es por ello que la más profunda contradicción de la ideologia libertaria es el llamado a reprimir toda acción orientada a exigir el derecho de propiedad sobre el trabajo como creador de valor. La relación Estado – Mercado, en tanto que una relación de negación continua, no antagónica, es una relación dialéctica. En este sentido, analizarla desde una perspectiva puramente positivista (o lo uno, o lo otro), nos lleva a aspirar extremos inalcanzables en la práctica. Resulta un tanto paradójico que tanto Marx como Mises aspiren a la eliminación del Estado. Fue el error de Marx al “darle vuelta” a Hegel en su interpretación del Estado y es el error de Menger y von Mises al darle la vuelta a la teoría del valor-trabajo, definida por Smith y Ricardo. Es aquí donde los libertarios caen en una trampa conceptual que los lleva a un callejón sin salida. Por ello terminan rechazando no solo a Marx y a Hegel sino también a Adam Smith a David Ricardo e incluso a Solow. El agua de la bañera se ensució, y los libertarios tiran “el agua sucia” y también al niño que habíamos bañado.

La misión de Mariana Mazzucato y el Estado emprendedor

La economista italo-norteamericana es, desde hace algunos años, una de las economistas más destacadas y por ello, en mi opinión, una excelente candidata al Premio Nobel de Economía. Su producción académica la vuelven, de por sí, junto a Thomas Piketty y Dani Rodrick, entre muchos otros, uno de los pilares intelectuales más serios de la economía política moderna de la transformación. Dentro de su vasta producción intelectual destacan, para mi gusto, dos obras controversiales: “El Estado Emprendedor” y “El valor de las cosas”. «Mucho ojo con Mazzucato, la economista más temible del mundo.», titulaba Helen Rumbelow una reseña de esta brillante profesora en Economía de Innovación y Valor Público y directora del Instituto para Innovación y Propósito Público en University College London (UCL). “La agitadora de la Economía”, la llamaba Bob Simison, en una semblanza publicada en la Revista Finanzas y Desarrollo del Fondo Monetario internacional. Ya con estas credenciales no son de extrañar los furibundos ataques de economistas libertarios y neoliberales contra sus propuestas de transformación.

© The Entrepreneurial State, Mazzucato, Foto Pedro Morazán

Dado lo limitado del espacio, queremos en esta ocasión remitirnos someramente al análisis de dos de sus obras que mantienen una interconexión de enorme relevancia: “El Estado Emprendedor” y “Cambio Transformacional en América Latina y el Caribe”. Insisto, se trata más bien de una somera descripción de sus tesis centrales, antes que de una seria reseña de las mismas. En mi opinión, los tres títulos mencionados deberían ser lectura obligatoria para todas las economistas interesadas en el vínculo entre desarrollo económico y transformación.

Bajo el lema de “volver pensar en grande”, Mazzucato levanta el guante que han tirado tanto los economistas libertarios, como los neoclásicos, para entrar de lleno en la batalla del discurso en torno al papel del sector público en el desarrollo económico, sin caer en las tentaciones intervencionistas del marxismo ortodoxo. No se trata de reducir al Estado al mínimo, convirtiéndolo en un simple ente regulador de las distorsiones del mercado. Pensar en grande significa para Mazzucato “empoderar a los gobiernos para concebir una dirección en el cambio tecnológico e invertir en esta dirección. Crear mercados en lugar simplemente de arreglarlos”.

Pensar en grande tiene que ver, en segundo lugar,  con la política fiscal. Se trata de liberar al gasto público de las presiones del corto plazo para impulsar inversiones de largo plazo, que permitan la creación de nuevos mercados en lugar de adaptarse a los ya existentes. Nadie está aquí limitando la “acción humana” del sector privado. Todo lo contrario, se trata de estimular la libertad de los actores que quieren desarrollar sus nuevas ideas en territorios desconocidos hasta ahora. En su libro la autora demuestra con informaciones convincentes, que el éxito de empresas como Apple, Google o incluso el descubrimiento del Internet y la llegada a la luna no hubiesen sido posibles sin las enormes sumas movilizadas por el Estado emprendedor norteamericano a través del gasto público.

En tercer lugar, hace hincapié en el hecho de que si bien es cierto, las empresas exitosas se beneficiaron en su momento de las inversiones estatales, estas se han resistido siempre a retribuir dichos beneficios en forma de impuestos para promover una distribución más equitativa de las ganancias. Se ha acentuado con el devenir del desarrollo capitalista moderno, la socialización del riesgo mientras se han privatizado cada vez más los beneficios. Por eso Mazzucato propone sustituir la relación parasitaria de la empresa frente al Estado en las asociaciones público-privadas, por una innovación público-privada simbiótica de beneficio mutuo. No rechaza dichas asociaciones como si lo hacen economistas del marxismo ortodoxo. Esto implica inevitablemente impedir que empresas como Apple sigan declarando sus impuestos en paraísos fiscales como Islas Vírgenes o Luxemburgo y no lo hagan en el Estado de California donde fueron creadas con recursos estatales. California es hoy uno de los Estados más endeudados de la Unión. Es de imaginar que, Mender, Hayeck y von Mises se revuelven en sus tumbas, al solo percibir de manera etérea, en su más allá cósmico, la existencia de tales sugerencias.

Uno de los problemas que más nos aqueja, no solo en los países en proceso de desarrollo sino también en los países con economías de mercado más consolidadas, es el hecho de a la hora de evaluar los políticas públicas, trabajamos con indicadores y criterios inadecuados. En el caso de la intervención estatal en los procesos de innovación y desarrollo (I+D) es importante subrayar que hay una diferencia tanto en el área de influencia del Estado, como en los indicadores específicos necesarios para evaluar sus resultados.

Misión y transición energética

Parafraseando a Polanyi en su legendario libro “La gran transformación: crítica del liberalismo económico” (1944), Mazzucato afirma que el Estado fue el creador del mercado más “capitalista de todos, el “mercado nacional”. De hecho ésta es la esencia de una de las categorías básicas del enfoque de Mazzucato: «las Misiones». Éstas representan objetivos bien definidos, que se centran en resolver importantes desafíos económicos, sociales y medioambientales, que solo pueden ser asumidos como parte de una estrategia de orden nacional o regional. Con ayuda de las “misiones” los responsables de las políticas del Estado tienen la oportunidad de determinar la dirección del crecimiento realizando inversiones estratégicas en diferentes sectores y fomentando nuevos entornos industriales que el sector privado pueda desarrollar aún más. Un entorno y no un sector determinado, es el objetivo estratégico de una misión.

Quizás manteniendo es línea de “pensar en grande” Mazzucato propone, en el Informe de la CEPAL, retomar la olvidada agenda de la industrialización ya bajo una nueva perspectiva. Ni la vieja historia de la “industrialización vía sustitución de importaciones”, promovida en los años 60 del siglo pasado, ni la de la liberalización promovida por el Consenso de Washington en la llamada “década perdida” de los años 90, pueden ser un camino viable para América Latina. En lugar de sectores, por ejemplo la explotación de determinados recursos minerales, como el litio, o agrarios, como la soja, se propone la inversión pública en entornos. Uno de estos podría ser el cambio climático.

Asumiendo la lucha contra el cambio climático como una “misión”, se podría desarrollar una estrategia que permita “invertir e innovar en las esferas de los nuevos materiales, los nuevos servicios digitales, las nuevas formas de movilidad y la nueva función de los recursos naturales.” Otros posibles entornos son las brechas digitales o los retos sanitarios. Nos vamos a detener un poco en los retos del cambio climático, especialmente si tomamos en cuenta que Mazzucato ya había desarrollado el tema en los capítulos 7 y 8 de su “El Estado emprendedor”.

Lo positivo de este Informe radica en que se intenta formular esta innovadora estrategia de las “misiones” para una región como América Latina y el Caribe, víctima de una serie de retos estructurales entre los cuales los más sobresalientes son la baja productividad, la débil institucionalidad y la enorme desigualdad. El hecho de reformular el papel del Estado, después de haber experimentado el fracaso del modelo neoliberal y del modelo extractivista, representa, de por sí, un avance a ser tomado en cuenta.

© Foto Daniel Zanini, Flickr, Esperando a Godot

El Estudio parece estancarse, sin embargo, en un nivel sumamente general, aun si tomamos en cuenta las iniciativas o “casos” descritas en el capítulo IV.  En el caso de Centroamérica se toma como ejemplo “La Estrategia Energética Sustentable 2030”, una estrategia elaborada por la CEPAL en colaboración con la Secretaria de Integración Centroamericana (SICA). Uno de los tres objetivos de dicha estrategia es el de aumentar el uso de energías renovables, cuyo enorme potencial en la región es de sobra conocido. A pesar de que se menciona el hecho de que aun no se han alcanzado los objetivos previstos, este apartado nos da escazas pistas en torno a los potenciales y las debilidades de dicha estrategia que justifiquen un enfoque basado en misiones.

Por otro lado surge la pregunta de la relevancia. Para el caso de la región centroamericana sería interesante, por ejemplo, conocer la relevancia estratégica de las posibles misiones a ser tomadas en cuenta. No se puede negar que el acceso a la energía y su eficiencia son de vital importancia. Sin embargo, en vista de la crónica escasez de capital y del reducido espacio fiscal de países tan pobres como los centroamericanos, hubiese sido importante conocer, por lo menos en la introducción, los retos vinculados a la mitigación (“corredor seco”) o a la adaptación (“tormentas tropicales”) que podrían afectar de una u otra forma los otros aspectos del cambio climático. En resumen, si bien es cierto que en este “caso” se menciona el entorno, nos queda la impresión de que se produce al final un reduccionismo sectorial: El sector energía eléctrica. Evidentemente que esto se debe seguramente a razones de espacio, pero igual queda la pregunta sobre la posibilidad de formular una visión más holística.

Hubiese sido interesante, por ejemplo, saber de qué forma las estructuras burocráticas sobrecargadas y la falta de personal calificado, mencionadas en el Capitulo V, han tenido un impacto negativo en el entorno de lucha contra el cambio climático en Centroamérica. Para evitar caer en los ya conocidos lugares comunes de lo general, esta estrategia deberá superar el discurso normativo referente a “lo que se debería hacer”, típico de los discursos institucionales, aterrizando en la fase de implementaciones concretas. Recién a través de la experiencia se podrá comprobar cuan robusta es la teoría, que a primera vista resulta muy prometedora.

Ante la avalancha de la ideología libertaria que nos vende la falacia de una sociedad moderna sin Estado, se vuelve más urgente que nunca, implementar estrategias realistas y exitosas en las que el Estado emprendedor asuma su responsabilidad histórica. Esperar que el mercado resuelva por si solo los problemas que nos aquejan, es tan absurdo como esperar a Godot.

Referencias

López Lloret, J. (2021). La mano invisible de Adam Smith: de la sátira a la transformación social, Iberian Journal of the History of Economic Thought, 8 (2), 137-152.

Mazzucato, M. (2013). The Entrepreneurial State: Debunking Public vs. Private Sector Myths, Londres/Nueva York, Anthem Press.

Mazzucato, M. (2018). The Value of Everything: Making and Taking in the Global Economy, Londres, Penguin.

Mazzucato, M. (2023). Cambio transformacional en América Latina y el Caribe: un enfoque de política orientada por misiones, CEPAL.

Polanyi, K. (2007). La gran transformación: Critica del liberalismo económico, Ediciones de La Piqueta, Madrid.

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Pedro Morazán

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