Napoleón, ¿el amante frustrado?

© Pedro Morazán, 27.11.2023

«Era Francia que enviaba a la muerte
la cabeza del rey consagrado,
y que alzaba soberbia a su lado
el altar de la diosa Razón»
Augusto C. Coello

En la enorme sala de esos modernos cines en los que se presentan los “jamones cinematográficos de Hollywood” y Disney Plus, me senté ayer a ver la tan promocionada película “Napoleón” del director inglés Ridley Scott. Para ser franco mis expectativas no eran demasiado altas, al entrar en la Sala 1 del Cinemax, dejando de lado las filas de espectadores que se aglomeraban para pedir sus grandes bolsas de palomitas de maíz y enormes vasos de Coca Cola. Era una de esas noches lluviosas de otoño alemán, en las cuales la curiosidad por “el corcel del espíritu absoluto”, como llamaba Hegel a Napoleon, invitaba a la inspiración. Quizás no exista un personaje histórico, aparte de Jesús, sobre el cual se hallan hecho tantas películas, como sobre Napoleón. Entre tan incontables películas, se encuentra “Waterloo”, la épica en cine mudo del director austriaco Karl Grune. En mi caso personal, iba yo bien armado con un currículo que además, incluía excelentes documentales y la lectura de más de alguna biografía sobre Napoleón. Además de ello tengo la mala costumbre, quizás por ser amante de la Ópera, de leer una que otra crítica antes de entrar al cine.

Después de casi media hora de publicidad sobre coches, lociones, perfumes y todo tipo de artículos navideños, presentados en la enorme pantalla, tuve por fin la oportunidad de ver como una altiva Marie-Antoinette, destronada reina de Francia, era decapitada en abril de 1793, ante los ojos de un Napoleón de mirada serena, que se mezclaba entre la muchedumbre enardecida. Ya desde esta escena estaba yo vacunado contra algunos aspectos de la película, que son verdaderamente cuestionables. El historiador Thomas Schuler, uno de los conocedores más respetados de Napoleón, ha criticado la falta de seriedad histórica de Scott en esta película. “Desde una perspectiva puramente histórica, la película es un absoluto desastre. Es un cuento de hadas, pura fantasía de Hollywood y contiene muchos errores”, afirma Schuler.

Estamos hablando de la primera escena de la película, Napoleón, quien durante toda la película perece no envejecer, tenía para esa época apenas 20 años. Esto podría obviarse y la verdad, lo hice, el problema es que cuando decapitaron a los reyes de Francia, Napoleón no estaba en París, sino en una guarnición militar en el sur de Francia, a donde había sido enviado por sus padres corsos. Hay que respetar la fantasía artística, intenté tranquilizarme. El arte cinematográfico es también ficción, como la literatura. Por eso tampoco le presté atención al hecho de que a Marie -Antoinette la adornaron de una abundante y blanca cabellera, cuando bien se sabe que fue rapada en su celda antes de ser transportada en harapos y no en nobles vestidos a la guillotina. Elemental, me dije a mi mismo, es el mundo de Hollywood y se trata de atraer la atención de un público ávido de Coca Cola y de fantasías neo románticas.

Lo que me puso un tanto de mal humor, es que este plagio de la historia se convirtiese en un hilo conductor durante toda la trama. Hago hincapié en que yo tampoco soy crítico literario o cinematográfico. Soy más bien un amante de la historia y trato de verla con ojos hegelianos. A propósito, ya mi buen amigo Segisfredo Infante, el filósofo hegeliano más serio que conozco en Honduras, me había puesto en guardia ante tales eventos comerciales. Sin embargo escribo estas líneas, pues me preocupa un tanto, la imagen que queda en la mente de los jóvenes que saldrán del cine convencidos, al final de la película, de que recibieron una imagen histórica verídica del gran emperador francés.

El Código Civil de Napoleón, es el crisol de la modernidad

Una de las herencias más importantes que Napoleón le dejó a Francia y al mundo entero y que logró introducir, directa o indirectamente, en toda Europa fue el “Código Civil”, que hoy se conoce en todo el mundo como “Código Napoleónico”. Es una lástima que la película no capte ni una sola escena de por lo menos 30 segundos a un incansable Napoleón trabajando en los textos básicos de la modernidad. Una gran parte de la película tiene lugar en la casa que, tan inteligentemente, compró Josefina no solo para tener “mal sexo” con un corso torpe, sino para vincularlo más con la burguesía emergente y para formular los primeros elementos del “Código Civil”. Todo esto, entre muchas otras cosas, que llevaron a la institucionalización de la Revolución Francesa y, de hecho, a configurar el marco político de lo que hoy llamamos la “Modernidad”.

No se trata aquí de hacer una lista de los detalles de esta majestuosa película. Para mi lo importante es tratar de comprender la furia de los franceses al ver a uno de sus más grandes héroes retratado como un primitivo corso con problemas sexuales. Tampoco se trata de resaltar que además de sus dotes de estratega militar, unánimemente reconocidas, el amigo Napoleón era un erudito heredero y defensor de los principios de la revolución francesa: Libertad, igualdad y fraternidad, en una Francia que por ello, se vio de repente rodeada de enemigos absolutistas, que gobernaban todo el continente europeo con monarquías sanguinarias y explotadoras. Napoleón era, además, un excelente conocedor de los filósofos de su tiempo, incluidos los ingleses, que lo inspiraron a defender las ideas de la ilustración contra los enardecidos ataques del absolutismo europeo, proveniente del imperio inglés, el austro-húngaro, el ruso y el prusiano entre otros.

Por eso no es de extrañar que en medio de su entusiasmo, Friedrich Hegel lo haya llamado “El espíritu absoluto galopando a caballo”, cuando ingreso a Jena, derrotando a los prusianos en una cruenta batalla, después de la cual logró imponer el “Código Civil” en la Prusia semi feudal y despótica, de esos tiempos. Una de las pocas cosas históricas que la película logra captar en su simbología, es la auto- coronación de Napoleón como Emperador. Fue un acto muy simbólico, en el que Napoleón demostró con claridad, que no era el Papa, quien tenía el poder, sino la burguesía revolucionaria francesa. Los historiadores agregan, que era también una señal a las potencias que amenazaban Francia, la joven República, para decirles, “somos diferentes, pero no somos revoltosos”.

Un Jamón de Hollywood

Evidentemente que la película intenta satisfacer las expectativas de Hollywood y poniendo en el centro la conflictiva relación de Napoleón con su esposa Josefina de Beauharnais. Es archiconocido que dicha relación fue muy conflictiva y es, también admisible que un artista haga su interpretación de la misma. Sin embargo, para mis gusto, Scott insiste de una manera un tanto penetrante, en hacer aparecer a este corso, como pésimo amante en la cama. Para Schuler, esa forma de presentar a Napoleón es muy poco verosímil y un tanto barata, especialmente si se leen las innumerables cartas que Napoleón le escribió a su amada. Según este historiador, dichas cartas son las más tiernas y bellas declaraciones de amor que se la hayan hecho a una dama.

Las escenas de las guerras son uno de los elementos por los cuales vale la pena ver la película. Es la reconocida majestuosidad de Hollywood, sin lugar a dudas. Esto, a pesar que también en ellas no hubo mucho interés por evitar la falsificación de algunos hechos. Es evidente que Napoleón tuvo aspectos negativos y que no todas sus guerras fueron justas. Es más, muchas de ellas estuvieron llenas de mucha crueldad. Las guerras napoleónicas degeneraron en algún momento, en verdaderos baños de sangre con muchas víctimas inocentes. Existen ya incontables biografías, documentales y películas que así lo confirman. He visto algunas de ellas y la de Ridley Scott no está entre las mejores

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