¿Cómo avanza la transición energética en América Latina?

© Pedro Morazán, 17.03.2024

«El espacio no es un concepto empírico extraido de experiencias externas»
Immanuel Kant

Al contrario de otras regiones del planeta, América Latina y el Caribe (ALC) cuenta con abundantes recursos energéticos que van desde la potencia hidroeléctrica hasta las reservas de gas no convencional. Además de ello la región posee gran cantidad de recursos naturales relevantes para la transformación energética global. Para solo mencionar algunos ejemplos: Chile es el mayor productor de cobre del mundo y hoy representa alrededor del 30% del suministro mundial de litio. Brasil es un importante exportador de bauxita y grafito. Perú desempeña un papel clave en el suministro de otros minerales críticos como el níquel y la plata. Además, no se debe olvidar que existen reservas poco exploradas de litio en Bolivia y Argentina y tierras raras en Brasil, que pronto jugarán un papel determinante en la transformación energética global.

© Energia en América Latina, Heinrich Böll Stiftung

Esto indica que desde el punto de vista de la oferta ALC cuenta con enormes potenciales para lograr una transición energética a bajo costo y al mismo tiempo contribuir a la misma a nivel planetario. Sin embargo, ALC cuenta asimismo con enormes reservas de portadores fósiles de energía como petróleo o carbón. ALC es un exportador neto de petróleo crudo y carbón. Esto puede convertirse en un enorme desafío o, en determinados casos, en un obstáculo para la transformación energética. Guyana y Brasil, por ejemplo, han aumentado su producción de petróleo y gas natural en los últimos años y juntos fueron responsables de alrededor del 15% del aumento de la oferta mundial de petróleo entre 2019 y 2022.

Los combustibles fósiles son actualmente responsables de dos tercios del suministro total de energía en ALC: el petróleo (40%), el gas natural (23%) y el carbón (4%). Por el lado de la demanda, el consumo final de energía en ALC está dominado por el petróleo, que hoy representa casi la mitad del consumo final total. La otra mitad se divide principalmente entre electricidad (20%), bioenergía (18%) y gas natural (11%). El carbón representa sólo el 3%. El transporte representa el 36%, la industria el 33% y los edificios el 24% del consumo energético final. El petróleo domina el transporte.

Existen todavía muchos claroscuros en el proceso de transformación energética de la región que muestra enormes diferencias, en muchos casos dependientes de la dotación de recursos. Según el Índice de Transición Energética (ETI), publicado por el Foro Económico Mundial, Brasil, Uruguay, Costa Rica y Chile son los países que están en la vanguardia de la transformación energética en ALC, con un puntaje que oscila entre el 62.5 para Chile en la posición 30 del ranking y 65.9 para Brasil en la posición 14. Entre 2015 y 2023 la región aumentó su capacidad renovable en 51%, alcanzando ese último año el 64% de generación a partir de fuentes renovables en su matriz eléctrica, gracias a la hidroelectricidad y a los avances en energías solar y eólica. Esta es un cifra significativa si tomamos en cuenta que el promedio mundial alcanza el 29%.

Índice de Transición Energética en América Latina 2023

Pais

Ranking Global 2023

Puntaje ETI 2023

Rendimientos del sistema 2023

Preparación para transición 2023

Brasil

14

65,9

68,9

61,3

Uruguay

23

63,6

71,5

51,8

Costa Rica

25

63,5

74,5

46,9

Chile

30

62,5

63,4

65,3

Paraguay

34

61,9

72,9

45,3

Colombia

39

60,5

65,6

53,0

El Salvador

47

57,3

72,2

35,1

Panamá

51

56,4

66,2

41,7

Perú

53

56,4

70,7

34,9

México

68

54,1

64,9

37,8

El puntaje promedio para 2023 es 56.3. Fuente: Foro Económico Mundial (WEF).

La generación de energía eléctrica

Es de hacer notar que, tomada como un todo, ALC tiene uno de los sistemas eléctricos con menores emisiones del mundo. Según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA) las energías renovables representaban alrededor del 61% de la generación de electricidad en el continente. Dentro de estas, la energía hidroeléctrica es la más importante aportando el 45% de la generación total, mientras que la eólica y la solar fotovoltaica tienen un nivel de participación del 8% y el 4% respectivamente. Con 4%, la bioenergía ha aumentado enormemente su participación. La energía nuclear representó apenas el 2%. Por otro lado los combustibles fósiles representaron el 36% de la generación de electricidad en 2022. Dos tercios de dicha proporción, es decir el 24% son provenientes del gas natural, mientras que apenas el 8% proviene del petróleo y casi el 4% del carbón (IEA 2023).

La matriz energética total de América Latina y el Caribe está compuesta principalmente por hidrocarburos. La mayor contribución corresponde al gas natural (34 por ciento), seguido del petróleo (31 por ciento), utilizado principalmente para la producción de gasolina y otros combustibles líquidos. En el sector de la energía no fósil, la hidroelectricidad aporta el 8%, la energía solar el 6% y la geotérmica y la nuclear el 1% cada una. El 19 por ciento restante corresponde a diversas fuentes de energía como el carbón, el bagazo o la leña (Fundación Heinrich Böll 2019).

La Urbanización como desafío

Uno de los desafíos más importantes para la transformación energética lo constituye el acelerado proceso de urbanización. ALC ocupa el segundo lugar del mundo en urbanización. Según las estadísticas 8 de cada 10 habitantes, más exactamente el 82% están viviendo en zonas urbanas. La región cuenta con seis megaciudades, tres de las cuales tienen una población de más de 15 millones de habitantes (São Paulo, Ciudad de México y Buenos Aires). En vista de ello ya desde hace algunos años ALC enfrenta el difícil desafío de mejorar los sistemas de transporte urbano para hacerlos eficientes, accesibles y sostenibles para todos los residentes de sus centros urbanos en expansión, a criterio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2022). El crecimiento rápido y a menudo no planificado de las ciudades de ALC, los recursos financieros limitados y la falta de planificación urbana estratégica han obstaculizado el desarrollo de los sistemas de transporte público.

© Ciudades y desigualdad en ALC, Foto BID

Las ciudades producen un tercio de las emisiones regionales de gases con efecto invernadero (GEI) en ALC, y el transporte es uno de los sectores de emisiones más altas en las zonas urbanas, contribuyendo con el 30% de las emisiones en Buenos Aires, el 38% en Bogotá y el 61% en São Paulo. A pesar de ser una de las regiones más urbanizadas del mundo, ALC solo tiene 10 km de sistema de transporte público o masivo por cada millón de habitantes, mientras que el promedio regional en Europa es de 35 km por 1 millón

Entre 2000 y 2022 se triplico la flota de automóviles en vista de que existe una dependencia mayor del transporte privado y una dependencia cada vez menor respecto al transporte público. Actualmente, la tasa de propiedad de automóviles en ALC es comparable con el promedio mundial, aunque 3,5 veces menor que el promedio de las economías avanzadas. Sin embargo, muchos hogares de bajos ingresos no tienen los medios económicos para poseer un automóvil. A nivel regional, más de un tercio de todos los viajes se realizan en transporte público. Muchas ciudades de la región ofrecen transporte público accesible, pero el diseño de las rutas y la baja frecuencia y confiabilidad a menudo significan tiempos de viaje más largos (BID, 2021).

Una sólida base de recursos ofrece la oportunidad de avanzar en la cadena de suministro hacia la refinación y el procesamiento de minerales, capturando más valor, creando empleos y ayudando a diversificar el suministro global de minerales refinados

La inversión en energías renovables

Otro de los grandes desafíos de la transformación energética en ALC lo constituye su financiamiento. Los gobiernos de la región han gastado alrededor de 14 mil millones de dólares en la transición a energías limpias desde 2020. Esta suma representa aproximadamente el 15% de lo que se ha gastado en total en las economías de mercados emergentes y en desarrollo y representa uno de los niveles más bajos de inversión en energía como porcentaje del PIB. 

© Eólicas en Santa Ana, Francisco Morazán, Honduras. Foto: Jorge Burgos/Criterio.hn

El porcentaje se situó por debajo del 3% entre 2014 y 2022, en comparación con el 5% en Eurasia, Oriente Medio y el Norte de África y casi el 4% en el África subsahariana. Varios países de la región enfrentan desafíos relacionados con la infraestructura energética, incluidas redes eléctricas obsoletas e ineficientes y un despliegue limitado de sistemas modernos de almacenamiento y distribución de energía. (IEA 2023).

Para acelerar las tasas de cobertura y alcanzar los objetivos de una transición energética justa hasta el 2030, se requiere que los gobiernos atraigan la inversión necesaria para universalizar el acceso y aumentar la proporción de energía renovable a través de instituciones apropiadas y marcos regulatorios transparentes.

En cuanto a la inversión privada, se pueden observar señales positivas que de hecho estarían en concordancia con los acuerdos internacionales. Según estimaciones de la IEA, los anuncios de inversión extranjera directa –un indicador de inversiones futuras– se han centrado fuertemente en la energía limpia, especialmente la generación de energía renovable. Empresas de Estados Unidos y la Unión Europea han sido los principales inversores en ALC. Esto no solo es halagador sino además realista si tomamos en cuenta que la inversión de capital en energías renovables ha sido mucho mayor que en la generación de combustibles fósiles durante la última década. Fue casi diez veces mayor en 2022, y la energía solar fotovoltaica (PV) representó una parte importante de este aumento del gasto.

Hay que hacer notar, sin embargo que los costos de inversión sea esta de cartera o directa son aun muy elevados en ALC. El costo de capital en Brasil y México es entre dos y tres veces mayor que en China, Europa y Estados Unidos. Esto representa todavía un enorme obstáculo para el flujo de dinero en el fomento de las energías renovables. En suma esto implica que las inversiones en este sector todavía van acompañadas con altas tasas de endeudamiento que no pueden ser compensadas con los esfuerzos de financiamiento promovidos por los bancos de desarrollo como el BID o el Banco Mundial.

Las subregiones de América del Sur, América Central y el Caribe han superado el déficit de acceso a los servicios de electricidad mediante la implementación de políticas, planes y programas que han reducido las brechas de electrificación urbano-rural. América del Sur es la subregión que ha logrado la mayor electrificación en términos de la proporción de la población con acceso a la electricidad, seguida de América Central y el Caribe. En nuevo desafío consiste en lograr una transición energética justa en el mediano y largo plazo.

Referencias

BID (2021). Congestión urbana en América Latina y el Caribe: características, costos y mitigación / Agustina Calatayud, Santiago Sánchez González, Felipe Bedoya Maya, Francisca Giraldez, José María Márquez.

IEA (2023). Latin America Energy Outlook, Source: IEA: International Energy Agency

Maria, Augustin, Jose Luis Acero, Ana I. Aguilera y Marisa Garcia Lozano, editores. 2018. Estudio de la urbanización en Centroamérica: Oportunidades de una Centroamérica urbana. Washington, DC: Banco Mundial. doi:10.1596/978-1- 4648-1220-0. Licencia: Creative Commons Reconocimiento CC BY 3.0 IGO.

WEF (2023). Fostering Effective Energy Transition: 2023 Edition, World Economic Forum