{"id":6262,"date":"2024-03-05T00:10:41","date_gmt":"2024-03-05T00:10:41","guid":{"rendered":"https:\/\/morazan.org\/?p=6262"},"modified":"2024-03-05T00:17:38","modified_gmt":"2024-03-05T00:17:38","slug":"el-rio-espeso-de-hegel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/morazan.org\/de\/el-rio-espeso-de-hegel\/","title":{"rendered":"El r\u00edo espeso de Hegel"},"content":{"rendered":"<div data-elementor-type=\"wp-post\" data-elementor-id=\"6262\" class=\"elementor elementor-6262\" data-elementor-post-type=\"post\">\n\t\t\t\t\t\t<section class=\"elementor-section elementor-top-section elementor-element elementor-element-c71867e elementor-section-boxed elementor-section-height-default elementor-section-height-default\" data-id=\"c71867e\" data-element_type=\"section\" data-e-type=\"section\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-container elementor-column-gap-default\">\n\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-column elementor-col-100 elementor-top-column elementor-element elementor-element-c967293\" data-id=\"c967293\" data-element_type=\"column\" data-e-type=\"column\">\n\t\t\t<div class=\"elementor-widget-wrap elementor-element-populated\">\n\t\t\t\t\t\t<div class=\"elementor-element elementor-element-6e139ad elementor-widget elementor-widget-text-editor\" data-id=\"6e139ad\" data-element_type=\"widget\" data-e-type=\"widget\" data-widget_type=\"text-editor.default\">\n\t\t\t\t<div class=\"elementor-widget-container\">\n\t\t\t\t\t\t\t\t\t<header class=\"entry-header\" aria-label=\"Contenido\"><h1 class=\"entry-title\">El r\u00edo espeso de Hegel<\/h1><div class=\"entry-meta\"><span class=\"posted-on\">4 de septiembre de 2011<\/span><\/div><\/header><div class=\"featured-image  page-header-image-single\">\u00a0<\/div><div class=\"entry-content\"><p><em><strong>Por: Segisfredo Infante<\/strong><\/em><\/p><p><a href=\"https:\/\/d1mrtjpezxphht.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/SEGISFREDO-INFANTE.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-11077745\" title=\"SEGISFREDO-INFANTE\" src=\"https:\/\/d1mrtjpezxphht.cloudfront.net\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/SEGISFREDO-INFANTE.jpg\" alt=\"\" width=\"70\" height=\"70\" \/><\/a>Este es un preludio del preludio en donde la contingencia individual se vuelve un lugar de obligada referencia. El hecho es que la primera vez que intent\u00e9 leer un libro de Guillermo Hegel fue en 1976,\u00a0 cuando apenas ten\u00eda diecinueve a\u00f1os. Recuerdo que comenc\u00e9 al rev\u00e9s, es decir, con una de las obras m\u00e1s maduras, un poco tard\u00edas, del gran fil\u00f3sofo alem\u00e1n. Se trataba de la \u201cFilosof\u00eda del Esp\u00edritu\u201d, o sea de la tercera parte de la \u201cEnciclopedia de las Ciencias Filos\u00f3ficas\u201d, dada a conocer en 1817. Recuerdo, adem\u00e1s, que al tratar de introducirme hasta el tercer p\u00e1rrafo de la primera p\u00e1gina del texto, percib\u00ed que estaba leyendo como caracteres chinos o un idioma fuera del sistema solar. Despu\u00e9s de una semana de nuevos intentos llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n que el joven lector no estaba, de ninguna manera, preparado para penetrar el mundo gramatical de Hegel. Y que lo recomendable era empezar por sus obras de juventud. O por aquellos textos m\u00e1s o menos did\u00e1cticos en donde el fil\u00f3sofo escrib\u00eda aplicando sus categor\u00edas y conceptos al estudio del arte o de los hechos hist\u00f3ricos concretos. Desde entonces (hace de ello treinta y cinco a\u00f1os) he continuado dando vueltas en torno de su recia obra, apretando los c\u00edrculos conc\u00e9ntricos ortegueanos con el fin de tomar por asalto sus murallas y sus rosas \u00edntimas. Una simple evidencia de lo afirmado son los centenares de referentes directos e indirectos que a lo largo de las d\u00e9cadas he venido publicado en mis art\u00edculos y ensayos sobre los predicamentos hegelianos. (Tambi\u00e9n en mis \u201cviejos\u201d cursos de\u00a0 \u201cHistoria Universal Moderna\u201d).<\/p><figure id=\"attachment_6268\" aria-describedby=\"caption-attachment-6268\" style=\"width: 606px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-6268\" src=\"https:\/\/morazan.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Hegel_portrait_by_Schlesinger_1831-237x300.jpg\" alt=\"\" width=\"606\" height=\"767\" srcset=\"https:\/\/morazan.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Hegel_portrait_by_Schlesinger_1831-237x300.jpg 237w, https:\/\/morazan.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Hegel_portrait_by_Schlesinger_1831-9x12.jpg 9w, https:\/\/morazan.org\/wp-content\/uploads\/2024\/03\/Hegel_portrait_by_Schlesinger_1831.jpg 452w\" sizes=\"(max-width: 606px) 100vw, 606px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-6268\" class=\"wp-caption-text\">Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831)<\/figcaption><\/figure><p>Haciendo caso omiso de los elogios, disquisiciones y diatribas respecto de la obra de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), m\u00e1s conocido en espa\u00f1ol como Jorge Guillermo Hegel, me entregu\u00e9, gradualmente, a la tarea de estudiar en forma concienzuda la que a mi juicio es la obra central primera del fil\u00f3sofo alem\u00e1n, de donde deriva, o hacia donde converge, el resto de su producci\u00f3n madura. Hablo de la \u201cFenomenolog\u00eda del Esp\u00edritu\u201d, elaborada en 1806 y publicada en 1807. Sostengo que una vez que el lector paciente haya penetrado por los bosques umbr\u00edos que conducen al eje movedizo de esta obra particular, se encontrar\u00e1 en condiciones de manejar, aunque sea medianamente, los lenguajes, la sintaxis encabalgada, las categor\u00edas y los conceptos superiores a los cuales habr\u00e1 de retornar el mismo fil\u00f3sofo con sus producciones un poco m\u00e1s claras y did\u00e1cticas, y a veces m\u00e1s ricas, como la \u201cL\u00f3gica\u201d en dos tomos (de 1812 en adelante) y la ya mencionada \u201cEnciclopedia\u201d.<\/p><p>Para s\u00f3lo aproximar a nuestros lectores al contenido de la \u201cFenomenolog\u00eda del Esp\u00edritu\u201d, elabor\u00e9 tres met\u00e1foras previas \u2013o im\u00e1genes\u2013 que hacen idea de lo que estamos hablando. La primera que se me ocurri\u00f3 es la de un laberinto cl\u00e1sico-barroco, sin principio ni aparente salida, en donde el estudioso busca afanosamente el sendero central de un lenguaje posiblemente repetitivo o enrevesado que lleva el concepto hasta los bordes del \u201cEsp\u00edritu Absoluto\u201d, el que sabe reconocerse a s\u00ed mismo. La segunda met\u00e1fora es la de una inmensa y penumbrosa laguna, de orillas muy irregulares, con remolinos conceptuales sistem\u00e1ticos en el centro. La tercera gran met\u00e1fora, y quiz\u00e1s la m\u00e1s apropiada, es la de un lent\u00edsimo, profundo, largo y espeso r\u00edo (parecido al Amazonas o al r\u00edo Nilo) con bagres sem\u00e1nticos escap\u00e1ndose entre un fondo arcilloso \u2013o lodoso\u2013, que transcurre por los cauces fragmentados de la historia, donde se deslizan conceptos espirituales (nada religiosos) m\u00e1s o menos elementales, hasta convertirse en un enorme r\u00edo transparente, o espejeante, o sea un gran concepto, que desemboca en la \u201cIdea de lo Absoluto\u201d, en donde se han unido (\u00bfpara siempre?) lo subjetivo con lo objetivo, lo individual con lo colectivo, en un mundo universalizado; superando, teor\u00e9ticamente, la antiqu\u00edsima contradicci\u00f3n desgarradora entre el sujeto lib\u00e9rrimo y la carcelaria naturaleza circundante.<\/p><p>He aqu\u00ed un apretad\u00edsimo comienzo para sugerir que s\u00f3lo con una \u201cardiente paciencia\u201d es posible penetrar en la espesa geograf\u00eda de la obra textual de uno de los m\u00e1s grandes pensadores de todos los tiempos, hombre de carne y hueso, con virtudes sublimes e insoslayables defectos euroc\u00e9ntricos. En el devenir de la \u201cFenomenolog\u00eda del Esp\u00edritu\u201d se localiza la sustancia espiritual y arcillosa de todo sujeto humano, en tanto verdadero ser pensante, singular y universal, que se reconoce a s\u00ed mismo (y que se reconcilia con la naturaleza y consigo mismo), al final del doloroso camino de la existencia. He aqu\u00ed, pues, una muestra de las rosas \u00edntimas, y un cierto sentido luminoso de la vida.<\/p><\/div>\t\t\t\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/div>\n\t\t\t\t\t<\/div>\n\t\t<\/section>\n\t\t\t\t<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El r\u00edo espeso de Hegel 4 de septiembre de 2011 \u00a0 Por: Segisfredo Infante Este es un preludio del preludio en donde la contingencia individual se vuelve un lugar de obligada referencia. El hecho es que la primera vez que intent\u00e9 leer un libro de Guillermo Hegel fue en 1976,\u00a0 cuando apenas ten\u00eda diecinueve a\u00f1os. 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