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Incendios forestales y falacias narrativas

© Pedro Morazán, 24.05.2024

Falacias narrativas

Hace unos días recibí un video, de los tantos miles que se producen en los “centros de documentación caseros” que tiene Youtube. En dicho video la voz de un dominicano, aparentemente sorprendido, nos explicaba como los opositores al cambio climático, provocaban los incendios en todo el mundo con la ayuda de drones y bolas inflamables, para poder justificar sus protestas. Al parecer dicho video se volvió viral en cosa de segundos, pues lo recibí cinco veces en un solo día de diferentes fuentes. Se lo reenvié a un buen amigo, preocupado él,  al igual que yo, por el cambio climático. El susodicho me confirmó, al final, que se trataba de una “falacia narrativa” de las más burdas y baratas.

¿Qué es una falacia narrativa y porqué debemos cuidarnos de ellas? La falacia narrativa no es más que un sesgo cognitivo consistente en nuestra tendencia a darle mayor credibilidad a historias coherentes y fáciles de digerir, en lugar de dedicarle más atención a fuentes de información basadas en datos verificables, ordenados, por ejemplo, en forma de tablas o algoritmos. Con la ayuda de la sicología y la neurociencia se han podido identificar diversos mecanismos de nuestro cerebro, que como la falacia narrativa eran hasta ahora muy poco conocidos. Muchos de esos mecanismos han sido vitales en nuestro devenir evolutivo, uno de ellos tiene que ver con precisamente con esa congénita tendencia a darle más crédito a una historia que se adapte a nuestras intuiciones. Esto es normal, en vista de que no siempre contamos con la información necesaria para reaccionar rápida- y adecuadamente y por ello estamos inclinados a tomar “atajos cognitivos”. Muchos de esos atajos cognitivos están vinculados a estereotipos, intuiciones o sesgos que nos sirven de apoyo para poder salir al paso. Otro de los atajos más comunes consiste en replantear las preguntas que se nos hacen, sustituyéndolas con preguntas para las cuales tengamos una respuesta a la mano, independientemente de si ésta responde o no a la pregunta sustituida.

Nadie de nosotros está exento de los sesgos cognitivos. En mi caso particular, yo soy de la generación que creció leyendo las fascinantes historietas de Batman y Superman que se vendían en los quioscos y las pulperías o, sorprendentemente, eran la única lectura de bibliotecas improvisadas en los barrios de la capital. Eran los héroes de mi niñez que llenaban mis anhelos y expectativas en torno a personajes que tenían la capacidad de vencer al mal en todas partes y sin la ayuda de otros. Superman podía identificar lugares ocultos con la ayuda de su super vista y, de no ser por la misteriosa kriptonita, Superman habría sido invencible. El hecho de contar en Clark Kent como su otro yo, lo volvía más dialécticamente real. Los héroes han cambiado en la era digital, pero el principio de supremacía del bien frente al mal, se mantiene. La mente humana tiene esa enorme tendencia a dejarse cautivar por las falacias narrativas, especialmente si logran afinar los contrastes a los que aspiran nuestras intuiciones. Lo creíble es lo deseable. De hecho, esto es parte de la esencia de nuestro amor por lo estético y la literatura está llena de falacias narrativas que cautivan nuestro subconsciente.

Las falacias narrativas, sin embargo, pueden ser peligrosas, si abandonan el terreno de la ficción literaria para anidarse en el campo de la política, los deportes o la economía, para solo mencionar algunos de los innumerables campos del accionar humano. En vista de que, por el momento, nos resulta sumamente difícil encontrar una explicación racional a los incendios forestales, buscamos atajos mentales que nos den una relación causal tal, que confirme nuestras intuiciones, que por lo general son falsas, pues se basan en estereotipos y un serie de múltiples sesgos cognitivos adicionales. Una de las explicaciones más difundidas es que la mayoría de dichos incendios son producto de la mano criminal de especuladores que quieren construir proyectos habitacionales en las zonas siniestradas. Otra, más plausible en otras regiones, es que se trata de la acción de campesinos que hacen uso de sus tradicionales quemas para preparar la fase de cultivo de la tierra. La organización ecológica WWF (World Wildlife Fund) habla en este contexto de los «mitos sobre incendios forestales«.

Posibles causas de los incendios forestales

Una vez reconociendo que podemos estar siendo víctimas de alguno de los sesgos cognitivos mencionados, el siguiente paso a seguir es el de informarnos sobre las posibles causas de los incendios forestales. Lo primero que salta a la vista es que los incendios forestales de este año en Centroamérica llegaron a dimensiones nunca vistas antes en la región. Si levantamos la mirada, nos daremos cuenta de que también otros países de América Latina se vieron enfrentados a este problema en 2024: En febrero las imágenes de los devastadores incendios en Valparaíso en Chile le dieron la vuelta al mundo. Colombia, al igual que Argentina, tuvieron que enfrentar ya en enero una serie de incendios forestales de enormes magnitudes. Todo esto es válido no solo para la Amazonía brasileña sino también para los bosque de California y Canadá. Que conste, nos limitamos al continente americano, sin ignorar lo que ha pasado en el resto del mundo desde Congo Kinshasa hasta Australia.

No vamos a negar, volviendo a Centroamérica, que en determinados casos, algunos incendios estén vinculados a la ignorancia de muchos campesinos, lamentablemente muy difundida, como a la mano criminal de muchos especuladores sin escrúpulos. Sin embargo, debemos aceptar que la evidencia es en todo caso bastante débil y que es muy probable que, una vez pasada la tragedia, ninguna institución se ocupe de analizar en detalle la causa real de cada uno de los incendios. La evidencia se basa en la información y esta en los datos que deben ser recopilados con la mayor precisión para poder establecer con el mínimo margen de error, cual fue la causa de cada uno de los incendios forestales.

De hecho resultaría exagerado considerar que existan tantos proyectos habitacionales en lugares poco verosímiles o que los campesinos guatemaltecos, hayan decidido iniciar sus cultivos en las selvas del Peten o de la “Sierra de la Minas”. Sin embargo es importante reunir datos más precisos en torno a la influencia de dichos factores, si existe el interés de evitar siniestros similares el próximo año. La evidencia empírica muestra que la mayoría de los incendios se producen en durante las épocas de sequía que se han vuelto más virulentas en los últimos años. Para que un incendio forestal arda, afirman los bomberos, ya sea natural o provocado por el hombre, deben darse tres condiciones: combustible, oxígeno y una fuente de calor. Los bomberos llaman a estos tres elementos el triángulo del fuego. Aproximadamente entre el 85% y el 90% se producen bajo la intervención intencional o involuntaria de los seres humanos.

Quizás tenga sentido analizar el contexto global de lo que acontece en la región. Las últimas investigaciones científicas parecen indicar que el aumento de las temperaturas globales y la disminución de las lluvias son las principales causas de la proliferación de los incendios forestales en América Latina y otras regiones del mundo. Según los datos del Sistema Mundial de Información sobre Incendios Forestales (GWIS), Nicaragua es el caso más grave con 289.709 hectáreas quemadas, el número más alto en la región, hasta abril del presente año. Según el Centro Humboldt de Guatemala, entre 2023 y 2024, los incendios forestales y quemas agrícolas se habrían duplicado, pasando de más de 2000 a más de 4000 en abril de 2024. Los datos para Honduras parecen superar incluso lo acontecido en Guatemala. Habrá que esperar los hallazgos satelitales de los principales centros de monitoreo.

En esta dirección es necesario resaltar el impacto de “El Niño” como fenómeno meteorológico recurrente, acentuado por el calentamiento global. Esta parece haber sido la causa principal de los incendios forestales que asolan al “Triángulo Norte” de Centroamérica este año. Los expertos todavía no llegan a una conclusión definitiva en torno a la interconexión entre el calentamiento global y la virulencia de “El Niño”. Existen enormes probabilidades de que estemos ante una nueva fase de aumento de las temperaturas globales que no harán más que agravar la situación en los próximos años. Algunos de los pronósticos pasados elaborados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) se han visto ya confirmados. La actividad humana de todo tipo parece ser el detonante inicial para los incendios forestales, pero también hay muchos otros factores que contribuyen a su más reciente apogeo aun en regiones hasta ahora inimaginables como el circulo polar ártico. El cambio climática ha debilitado y estresado los bosques en todo el mundo haciéndolos más proclives a incendios forestales, sean estos superficiales, subterráneos o aéreos. “La deforestación, el drenaje de la turba, la expansión o el abandono de la agricultura, la supresión de incendios y los ciclos intersemanales como El Niño-Oscilación del Sur, pueden ejercer una influencia más fuerte que el cambio climático en el aumento o la disminución de los incendios forestales».

Los incendios forestales, además de amenazar vastos territorios, afectan la calidad del aire en las ciudades de Centroamérica. La mala calidad del aire en las ciudades responde también a otros factores como el aumento del parque vehicular, el mal uso de fuentes fósiles de energía y otros. Quizás los hallazgos más importantes hasta la fecha se refieran a que el calentamiento global sea inducido por las personas. Sin embargo los sesgos cognitivos no siempre conducen a una interpretación adecuada de tales conclusiones. Para cada individuo existe una falacia narrativa particular que implica la negación de toda responsabilidad individual. Aunque cada uno de nosotros es consciente del problema, nadie lo vincula al uso responsable de los aparatos electrodomésticos por ejemplo. Nadie cuestiona la necesidad de utilizar el aire acondicionado, pero todos se quejan cuando el fluido eléctrico no es capaz de satisfacer la demanda creciente en épocas de altas temperaturas. Aun en momentos de crisis terminales, el comportamiento humano individual, no parece siempre ser compatible con el bien público. La contradicción entre el egoísmo individual y el bien común no es nueva y la planificación socialista centralizada no hace más que agudizarla. También para los bosques es importante una visión holística que incluya el fortalecimiento institucional, la separación de poderes y el castigo de los responsables. Costa Rica puede ser un buen ejemplo de un manejo más sostenible de los recursos forestales que no afecte la libertad individual.

¿Es posible el cambio?

Evidentemente que sería un atrevimiento intelectual afirmar que se cuenta con la varita mágica para resolver los problemas más apremiantes de la humanidad. Quien así lo afirme es una víctima de la falacia narrativa. Sin embargo, dicha premisa no es la excusa para arroparse con el manto de la resignación y la apatía. El siguiente paso, en la superación de la falacia narrativa, consiste en la adopción de un pensamiento crítico que nos permita asumir la estrategia más adecuada en base a la evidencia existente. Dicho pensamiento crítico implica analizar los riesgos y definir las estrategias más adecuadas de mitigación y adaptación a los impactos del cambio climático.

Los países centroamericanos tienen por ello el reto de analizar en detalle las características de los incendios forestales de los últimos años. Esto implica hacer un inventario de las fragilidades regionales y las diversas causas que llevaron a que los incendios forestales de 2024 y que pudieran surgir en 2025, con la intensidad que lo hicieron este año. Al mismo tiempo es importante identificar los potenciales existentes para la mitigación y la adaptación ante la recurrencia de dichos efectos. No hay que olvidar que también el mal estado de la vegetación puede ser una causa de los incendios forestales y que la naturaleza misma entra en un proceso de regeneración y adaptación. Esto implicará desarrollar las estrategias de mitigación y adaptación más adecuadas ante la escasez de recursos materiales y financieros y movilizando al máximo los recursos sociales por medio de la preparación y reactivación de las comunidades a nivel local. La adaptación basada en ecosistemas puede ayudar a las comunidades a adecuarse a los impactos que ya devastan sus vidas y medios de subsistencia, al tiempo que salvaguarda la biodiversidad, mejora la situación sanitaria, refuerza la seguridad alimentaria, y brinda beneficios económicos. Muchas medidas de adaptación basadas en ecosistemas, así como prácticas agrícolas más sostenibles se pueden implementar a costos relativamente bajos si se estimula la iniciativa privada de los productores locales.

Los impactos del aumento de la temperatura ya son demasiado evidentes. El negacionismo se ha convertido en un enorme peligro para la vida y sobrevive en base a falacias narrativas. Debemos de tomar conciencia de que puedan existir impactos irreversibles que necesitamos mitigar. Al mismo tiempo debemos ser conscientes que la adaptación a los futuros riesgos no es solamente la responsabilidad de los otros, sino también parte del cambio de nuestro propio comportamiento en el manejo de los recursos naturales. La flora y la fauna son nuestro hogar y como tal, la única fuente de nuestra existencia. Estamos obligados a tratarlas con el respeto que se merecen. Si no cumplimos nuestra responsabilidad personal en el día a día, no tendremos la autoridad moral para exigirlo a los gobiernos y a las empresas.

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